A todos aquellos interesados en el embarazo, parto, puerperio, lactancia materna y crianza. Hago mia la frase de "abrázame y quiéreme cuando no me lo merezca, pues será cuando más lo necesite"

Estando, este verano, de vacaciones en Gran Canarias, pude volver a reflexionar sobre lo delgada que es la línea entre la locura y la cordura, lo normal y lo anormal, entre lo estipulado y lo no estipulado.

Lo sucedido me llevo a reflexionar, también, sobre la paradoja, que el cine ha representado en multitud de ocasiones, que supone en pensar que lo que tú estás haciendo en un momento determinado es diferente a lo que sucede en la habitación de al lado, en la casa de al lado, en tu pueblo en multitud de casas, en tu ciudad en ese instante, en tu país, en el resto del mundo. ¿Qué sucede en un mismo minuto para todo el mundo?.

Mientras estaba en el balcón del hotel donde estábamos alojados, tratando de decirle a mi madre de donde procedía el ruido de la música que a modo de “verbena” no nos dejaba dormir a la peque y a mí, debajo de la habitación contigua a la mía, una mujer estaba de preparativos. Le indicaba a mi madre con la mano, que si a la derecha que si a la izquierda en medio de la oscuridad de la noche y ella, desde abajo y acompañada del señor de la recepción, comprobaban que la escandalera era cierta y verificaban el punto exacto de procedencia para dar un toque. Eran las 10 y media de la noche. Finalizadas las indicaciones me metí para dentro, confiando en la gestión de mi madre para que su hija y su nieta durmiesen bien.
Apague las luces de la habitación. La peque no paraba de moverse y nos metimos juntitas en la misma cama, esperando en cualquier momento, oír que su respiración se sosegaba lo cual significaba que se había quedado, ya, dormida.
De pronto, oí un ruido tremendo de algo que cae al suelo y en medio de la oscuridad de la habitación pensé que se había caído algo de la terraza. Al cabo de 5 minutos oí el sonido, inconfundible, de un monitor...pi, pi, pi, pi. Escuche un lamento de alguien que decía: “¡mi hermana, mi hermana...!” . Seguí escuchando el monitor en medio, de repente, de un sepulcral silencio.

La respiración de mi hija se hizo más profunda y aproveche para levantarme de la cama y salir al balcón sin que me oyese. De repente, aquello me pareció como un episodio del CSI. Pude ver que en los balcones de la otra parte del hotel, estaba todo el mundo asomado y mire hacia abajo en el mío y vi el cuerpo de una mujer que yacía encima del tejado del restaurante. Personal del hotel la atendía y el personal de la ambulancia la mantenían monitorizada.
Mi madre estaba asomada a su balcón,había vuelto ya a su habitación y le pregunté:
-”¿Qué ha pasado...?”-.
-“Parece que ha saltado de su balcón, debajo del mío...”- me contestó.
- “¿Saltado?, ¿quieres decir que se ha suicidado?”- un escalofrío me recorrió el cuerpo, mientras miraba y veía que cubrían su cuerpo con una sábana no pudiendo hacer nada más por ella.
- “Sí, ha saltado...ha puesto una colchoneta, toalla o algo del sofá, una silla y ha saltado, todavía lo puedes ver colocado en su balcón...Parece ser que la gente aún estando de vacaciones también se suicida...- comentó en voz baja mi madre.

Me metí para dentro. Volví a la cama de mi hija y me acerque a su cuerpo dormido, impresionada, no sabiendo si podría dormir mientras seguía escuchando las voces de la policía, de los bomberos, del personal que vino al levantamiento y demás. Escuche la respiración de mi hija y pensé que mientras estaba indicándole a mi madre en el balcón 10 minutos antes, esta mujer lo estaba preparando todo para lograr su fin.
Un fin que posteriormente nos enteramos que ella buscaba y que realizo después de estar 14 días de vacaciones. Al día siguiente volvían.
Volvían a casa y ese viaje había sido un intento familiar por distraerla.

No existen las palabras para tratar, a veces, de explicar un acontecimiento como este. Sólo las reflexiones personales y la mía gira entorno a esa delgada línea que existe entre lo establecido y lo que uno piensa en una milésima de segundo.

Una plegaria y dos flores rojas arrojamos desde el balcón de la habitación de mi madre en un respeto absoluto a ella y su familia.
Descanse en paz.

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La maternidad es un privilegio, la procreación un derecho y la crianza, una responsabilidad social.

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